jueves, 18 de octubre de 2012

Cuarto: textos para el trabajo obligatorio del cuatrimestre

Recuerda: 1) Debes elegir uno de los dos textos propuestos, 2) La fecha de entrega inaplazable es la del 14 de diciembre de 2012, 3) La presentación y la ortografía son importantes.
Las instrucciones las puedes encontrar en este mismo blog, en la página 'Cuarto'.



Texto A

EN ALCÁZAR DE SAN JUAN
Quiero echar la llave, en la capital geográfica de La Mancha, a mis correrías. ¿Habrá otro pueblo, aparte éste, más castizo, más manchego, más típico, donde más íntimamente se comprenda la alucinación de estas campiñas rasas, el vivir doloroso y resignado de estos buenos labriegos, la monotonía, la desesperación de las horas que pasan y pasan lentas, eternas, en un ambiente de tristeza, de soledad y de inacción? Las calles son anchas, espaciosas, desmesuradas; las casas son bajas, de un olor grisáceo, terroso, cárdeno; mientras escribo estas líneas, el cielo está anubarrado, plomizo; sopla, ruge, brama un vendaval furioso, helado; por las anchas vías desiertas vuelan impetuosas polvaredas; oigo que finas campanas tocan con toques desgarrados, plañideros, a lo lejos; apenas si de tarde en tarde transcurre por las calles un labriego enfundado en su traje pardo, o una mujer vestida de negro, con las ropas a la cabeza, asomando entre los pliegues su cara lívida; los chapiteles plomizos y los muros rojos de una iglesia vetusta cierran el fondo de una plaza ancha, desierta… Y marcháis, marcháis, contra el viento, azotados por las nubes de polvo, por la ancha vía interminable, hasta llegar a un casino anchuroso. Entonces, si es por la mañana, penetráis en unos salones solitarios, con piso de madera, en que vuestros pasos retumban. No encontráis a nadie; tocáis y volvéis a tocar en vano todos los timbres; las estufas reposan apagadas; el frío va ganando vuestros miembros. Y entonces volvéis a salir; volvéis a caminar por la inmensa vía desierta, azotado por el viento, cegado por el polvo; volvéis a entrar en la fonda donde tampoco hay lumbre; tornáis a entrar en vuestro cuarto, os sentáis, os entristecéis, sentís sobre vuestros cráneos, pesando formidables, todo el tedio, toda la soledad, todo el silencio, toda la angustia de la campiña y del poblado.
Decidme, ¿no comprendéis en estas tierras los ensueños, los desvaríos, las imaginaciones desatadas del grande loco? La fantasía se echa a volar frenética por estos llanos; surgen en los cerebros visiones, quimeras, fantasías torturadoras y locas. En Manzanares –a cinco leguas de Argamasilla- se cuentan mil casos de sortilegios, de encantamientos, de filtros, bebedizos y manjares dañosos que novias abandonadas, despechadas, han hecho tragar a sus amantes; en Ruidera –cerca también de Argamasilla- hace seis días ha muerto un mozo que dos meses atrás, en plena robustez, viera en el alinde de un espejo una figura mostrándole una guadaña, y que desde ese día fue adoleciendo y ahilándose poco a poco hasta morir. Pero éstos son casos individuales, aislados, y es en el propio Argamasilla, la patria de don Quijote, donde la alucinación toma un carácter colectivo, épico, popular. (…)

Azorín (José Martínez Ruiz), La ruta de don Quijote (1905)

Cuestiones

1. Para situar el texto, indique (con una extensión máxima de una página):

a. Los rasgos biográficos que considere más relevantes del autor del texto.
b. Qué conoce de la obra del autor, señalando sus características más importantes.
c. Qué significación tiene el autor en la literatura española.

2. Para analizar el contenido del texto, señale (con una extensión máxima de dos páginas y media):

a. El argumento del mismo. ¿Qué nos cuenta el autor, de qué nos habla?
b. El tema o idea principal del texto, expresada en pocas palabras y con la mayor claridad, brevedad y exactitud.
c. Qué estructura tiene el texto, mostrando cómo distribuye el autor los contenidos, qué idea trasmite en cada parte, etc.

3. Para analizar la expresión (con una extensión máxima de dos páginas y media):

a) Localice y defina cinco de los términos con que el autor describe la localidad.
b) Redacte un texto de no más de 20 líneas sobre los aspectos más destacables de las actuales poblaciones de La Mancha.

4. Para valorar y enjuiciar críticamente el texto (con la extensión de dos páginas como máximo) exponga:

a) la opinión y valoración que le merece el contenido del texto leído, el acuerdo o el desacuerdo –razonados- con las ideas que el autor defiende, la relevancia del tema tratado, etc.
b) la opinión y valoración que le merece la forma en que el autor expone y defiende sus opiniones, cómo las expresa, si lo hace con claridad y orden, qué recursos literarios utiliza, etc.

  


Texto B

(…)
La Petra tenía cuatro hijos, dos varones y dos hembras; las dos muchachas estaban bien colocadas: la mayor, de doncella, con unas señoras muy ricas y religiosas; la pequeña, en casa de un empleado.
Los chicos le preocupaban más; el menor no tanto, porque, según le decían, seguía siendo de buena índole; pero el mayor era revoltoso y díscolo.
—No se parece a mí -pensaba la Petra-. En cambio, tiene bastante semejanza con mi marido.
Y esto le producía inquietudes; su marido, Manuel Alcázar, había sido hombre enérgico y fuerte, y en la última época de su vida, malhumorado y brutal.
Era maquinista de tren y ganaba buen sueldo. La Petra y él no se entendían, y el matrimonio andaba siempre a trastazos.
La gente, los conocidos, culpaban de todo a Alcázar, el maquinista, como si la oposición sistemática de la Petra, que parecía gozar impacientando al hombre, no fuera bastante para exasperar a cualquiera. Siempre la Petra había sido así, voluntariosa, con apariencia de humilde, de una testarudez de mula; en haciendo su capricho, lo demás le importaba poco.
En vida del maquinista, la situación económica de la familia era relativamente buena. Alcázar y la Petra pagaban diez y seis duros de casa en la calle del Reloj, y tenían huéspedes: un ambulante de Correos y otros empleados del tren.
La existencia de la familia hubiera podido ser sosegada y agradable sin las diarias peleas entre marido y mujer. Habían llegado los dos a experimentar necesidad tal de reñir, que por la cosa más insignificante armaban un escándalo; bastaba que él dijera blanco para que ella afirmase negro; aquella oposición enfurecía al maquinista, que tiraba los platos por el aire, abofeteaba a su mujer y andaba a puñetazos con todos los muebles de la casa. Entonces la Petra, satisfecha de tener motivo suficiente de aflicción, se encerraba a llorar y a rezar en su cuarto.
Entre el alcohol, las rabietas y el trabajo duro, el maquinista estaba torpe; un día de agosto, de calor horrible, se cayó del tren a la vía, y, sin herida ninguna, lo encontraron muerto.
La Petra, desoyendo las advertencias de sus huéspedes, se empeñó en mudarse de casa porque no le gustaba aquel barrio, lo hizo, tomó nuevos pupilos, gente informal y sin dinero, que dejaban a deber mucho, o que no pagaban nada, y, al poco tiempo, se vio en la necesidad de vender sus muebles y abandonar su nueva casa.
Entonces puso a sus hijas a servir, envió a los dos chicos a un pueblecillo de la provincia de Soria, en donde su cuñado estaba de jefe de un apeadero, y entró de sirviente en la casa de huéspedes de doña Casiana. De ama pasó a criada, sin quejarse. Le bastaba habérsele ocurrido a ella la idea para considerarla la mejor.
Dos años llevaba en la casa guardando la soldada; su ideal era que sus hijos pudiesen estudiar en un Seminario y que llegasen a ser curas.
Aquella vuelta de Manuel, el hijo mayor, desbarataba sus planes. ¿Qué habría pasado?
Y hacía una porción de conjeturas. En tanto, removía con sus manos deformadas la ropa sucia de los huéspedes.
Llegaba de la ventana del patio una barahúnda de cánticos y voces de gente que riñe, alternando con el chirriar de las garruchas de las cuerdas para tender la ropa.
A media tarde, la Petra comenzó a preparar la comida. La patrona mandaba traer todas las mañanas una cantidad enorme de huesos para el sustento de los huéspedes. Es muy posible que en aquel montón de huesos hubiera, de cuando en cuando, alguno de cristiano; lo seguro es que, fuesen de carnívoro o de rumiante, en aquellas tibias, húmeros y fémures, no había nunca una mala piltrafa de carne. Hervía el osario en el puchero grande con garbanzos, a los cuales se ablandaba con bicarbonato, y con el caldo se hacía la sopa, la cual, gracias a su cantidad de sebo, parecía una cosa turbia para limpiar cristales o sacar brillo a los dorados.
Después de observar en qué estado se encontraba el osario en el puchero, la Petra hizo la sopa, y luego se dedicó a extraer todas las piltrafas de los huesos y envolverlas hipócritamente con una salsa de tomate. Esto constituía el principio en casa de doña Casiana.
Gracias a este régimen higiénico, ninguno de los huéspedes caía enfermo de obesidad, de gota ni de cualquiera de esas otras enfermedades por exceso de alimentación, tan frecuentes en los ricos.
Luego de preparar y de servir a los huéspedes la comida, la Petra dejó el fregado para más tarde y salió de casa a recibir a su hijo.
Aún no había oscurecido del todo; el cielo estaba vagamente rojizo, el aire sofocante, lleno de un vaho denso de polvo y de vapor. La Petra subió la calle de Carretas, siguió por la de Atocha, entró en la estación del Mediodía y se sentó en un banco a esperar a Manuel...
Mientras tanto, el muchacho venía medio dormido, medio asfixiado en un vagón de tercera.
Había tomado el tren por la noche en el apeadero en donde su tío estaba de jefe. Al llegar a Almazán tuvo que esperar más de una hora a que saliera un mixto, dando paseos para hacer tiempo por las calles desiertas.
A Manuel le pareció Almazán enorme, tristísimo; tenía el pueblo, vislumbrado en la oscuridad de una noche vagamente estrellada, la apariencia de grande y fantástica ciudad muerta. En las calles estrechas, de casas bajas, brillaba la luz eléctrica, pálida y mortecina; la espaciosa plaza con arcos estaba desierta; la torre de una iglesia se erguía en el cielo.
Manuel bajó hacia el río. Desde el puente presentábase el pueblo aún más fantástico y misterioso; adivinábanse sobre una muralla las galerías de un palacio; algunas torres altas y negras se alzaban en medio del caserío confuso del pueblo; un trozo de luna resplandecía junto a la línea del horizonte, y el río, dividido en brazos por algunas isletas, brillaba como si fuera de azogue.
Salió Manuel de Almazán y tuvo que esperar unas horas en Alcuneza para transbordar. Estaba cansado, y como en la estación no había bancos, se tendió en el suelo, entre fardos y pellejos de aceite.
Al amanecer tomó el otro tren, y, a pesar de la dureza del asiento, logró dormirse.
(…)

Pío Baroja, La Busca (1903)

Cuestiones
1. Para situar el texto, indique (con una extensión máxima de una página):

a. Los rasgos biográficos que considere más relevantes del autor del texto.
b. Qué conoce de la obra del autor, señalando sus características más importantes.
c. Qué significación tiene el autor en la literatura española.

2. Para analizar el contenido del texto, señale (con una extensión máxima de dos páginas y media):

a. El argumento del mismo. ¿Qué nos cuenta el autor, de qué nos habla?
b. El tema o idea principal del texto, expresada en pocas palabras y con la mayor claridad, brevedad y exactitud.
c. Qué estructura tiene el texto, mostrando cómo distribuye el autor los contenidos, qué idea trasmite en cada parte, etc.

3. Para analizar la expresión (con una extensión máxima de dos páginas y media):

a) Localice y defina cinco de los términos o expresiones coloquiales con los que el autor describe las relaciones familiares de los personajes que aparecen en el texto.
b) Redacte un texto de no más de 20 líneas sobre los cambios en las formas de vida del tiempo que se describe en el texto a la actualidad.

4. Para valorar y enjuiciar críticamente el texto (con la extensión de dos páginas como máximo) exponga:

a) la opinión y valoración que le merece el contenido del texto leído, el acuerdo o el desacuerdo -razonados- con las ideas que el autor defiende, la relevancia del tema tratado, etc.
b) la opinión y valoración que le merece la forma en que el autor expone y defiende sus opiniones, cómo las expresa, si lo hace con claridad y orden, qué recursos literarios utiliza, etc.

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